jueves, 21 de julio de 2011

Completamente sana

Hoy podemos decir que desde que nació Laia es el segundo día más feliz de nuestra vida. Como la mayoría sabéis yo (Núria) soy portadora del virus de la hepatitis C, un virus para el que no hay vacuna ni cura y que, en casos extremos (por suerte no es el mío), puede ser muy peligroso.

La posibilidad de transmisión al feto durante el embarazo aunque mínima es posible, y desde que nació Laia hemos estado haciendo analíticas periodicas para poder descartar o confirmar que le había transmitido el virus. Y hoy, un 21 de julio que nos se nos olvidará en la vida, nos han confirmado que nuestra hija está totalmente sana.

La odisea empezó ya antes incluso de ser concebida Laia con toda una serie de analíticas especiales que tuve que hacerme para que en IVI nos dieran el visto bueno para poder empezar el proceso. Para las que no lo recordéis en la seguridad social ni lo intentamos porque no nos dieron la opción. No se podía y punto.

Despues hubo un seguimiento especial durante el embarazo, controlando mi carga viral. Y finalmente el parto fue muy cuidadoso porque la mayor posibilidad de transmisión se podía dar durante ese momento.

Después hubieron analíticas a los tres, seis y doce meses. Nunca, durante todo este tiempo hemos tenido ninguna información de cómo iba el proceso. No nos han dicho nada hasta hoy. Podéis imaginar que aunque la probabilidad de transmisión era de un 2% que sí frente a un 98% que no, esta probabilidad existía, y era algo que siempre estaba por ahí rondando.

Sobretodo las que ya sois madres entenderéis el enorme peso que nos hemos quitado de encima. El simple hecho de pensar que algo podía ir mal nos rompía el alma, pero esta vez la suerte se ha puesto de nuestro lado y finalmente hemos obtenido el mejor NEGATIVO de todos. ¡¡Con la rábia que nos daban antes!!

Estamos contentas, muy contentas. Es la mejor notícia que nos podrían haber dado. Por primera vez en 15 meses podemos mirar a nuestra niña y tener la firme convicción de que está TOTALMENTE SANA.

Besos a todas.

lunes, 11 de julio de 2011

QUINTO ANIVERSARIO DE BODA

El sábado celebramos nuestro quinto aniversario de boda y lo hicimos con Jose y Sergi, los amigos con los que nos casamos, y nuestra hija Laia.

En el año 2006, el Vaticano anunció que Ratzinger vendría a Valencia a celebrar el V Encuentro mundial de las familias y en ese mismo instante supimos que nuestras familias no estarían incluidas en esas jornadas.

Desde el Col·lectiu Lambda que yo coordinaba en ese momento, nos planteamos "hacer algo" y a Jose se le ocurrió hacer una boda masiva, pero una boda de verdad, en la que varias parejas de hombres y mujeres nos casaramos como acto de repulsa a la exclusión de nuestras familias en esas vergonzosas jornadas pagadas también con nuestro dinero. Era nuestra manera de defender y visibilizar la diversidad familiar.

Con el paso de los días, nos dimos cuenta que no quedaban tantos locos y que nos íbamos a tener que casar nosotros cuatro. Núria y yo, Jose y Sergi, quisimos mostrar nuestra indignación y rechazo con un acto de amor, de felicidad, acompañados de nuestras amigas, amigos, familias, aliados y aliadas para decir que existen otros modelos de familia.

Y nos casamos. Jose con Sergi, Núria conmigo. Trataron de impedirlo hasta el último momento, nada podía empañar la tan esperada visita de Ratzinger. Una de las excusas, que no habían dotaciones policiales disponibles. Pero no queríamos policía, nos queríamos casar, hacer uso de un derecho que tanto nos había costado conseguir.

Y lo conseguimos, no podía ser de otra manera. Pero no cómo y dónde queríamos. Al final fue en un casal de falla, alquilado tres días antes porque perseguían nuestras gestiones para denegar uno por uno cada sitio solicitado, incluso habiendo realizado las gestiones pertinentes. El sitio elegido era un instituto público y a la Consellería de Educación no le pareció bien a pesar de estar aprobado por mayoría en Consejo Escolar como marca el procedimiento. Las gestiones del Director del Instituto no consiguieron contrarestar esa marea de intransigencia que pretendía vulnerar nuestros derechos.

La organización de la boda fue dura, estresante, a veces humillante por el trato recibido por la administración pública pero lo positivo lo supera con creces.

Nuestras familias estaban a nuestro lado compartiendo nuestra felicidad, especialmente mi madre, que estaba muy enferma, pudo vivir mi boda. Los amigos y amigas. Los compañeros y compañeras de lucha, de partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales. Los medios de comunicación, locales, nacionales e incluso internacionales que dieron eco al mundo entero del acto. El casal rebosaba alegría, felicidad y emotividad ante la intolerancia, el fanatismo y la exclusión que se vivía a esa misma hora en el cauce del río. La humildad frente al derroche.

Ya han pasado cinco años y lo hemos celebrado juntos otra vez, con nuestra hija que también es un poco de ellos, de todos aquellos que han luchado y siguen luchando para que tengamos los mismos derechos, para que no se nos niegue NADA por compartir nuestra vida con una persona del mismo sexo, que barbaridad.